Mientras su esposa colgaba la ropa en el balcón sin percatarse, el marido entablaba una conversación con su madre acerca de cómo despojarla de la vivienda.
«Este apartamento debe ser exclusivamente nuestro. ¿Comprendes, inútil?» se escuchó la exigencia contundente.
«¡Solo para nosotros!» exclamó la suegra. «¡Solo entonces podrás imponer tus decisiones a tu obstinada esposa y tenerla totalmente bajo control!»
Unos minutos antes…
Polina sintió un escalofrío y murmuró: «¡Qué frío, el invierno ya se acerca!» A pesar de saber que tendría que cubrirse más, salió al balcón con su habitual ropa de casa.
Rápidamente colgó la ropa recién lavada y estaba a punto de volver adentro cuando escuchó la voz de su marido, quien supuestamente se encontraba trabajando en la oficina. Sin embargo, ese día ella había llegado temprano a casa por casualidad.
Fue su amiga Lenka quien la había llamado para decirle que su oficina haría un tratamiento para controlar las cucarachas. «Finalmente organizaron eso. Le fastidiaron tanto al jefe que accedió. De no ser así, esos bichos nos habrían echado del edificio. Así que tenemos un día libre inesperado. Queda en casa, amiga.»
Polina se alegró de poder quedarse. Tenía mucho trabajo pendiente que no consiguió terminar durante el fin de semana. Quería aprovechar el descanso para cuidar de sí misma y no solo para limpiar, lavar y cocinar sin parar.
Para su sorpresa, encontró a su marido también en casa, algo poco habitual ya que él siempre se retiraba antes que ella.
«¿Hoy todos nos ocupamos de las cucarachas?» pensó Polina con una sonrisa.
La conversación entre Arkady y su madre era clara:
- Arkady aseguraba que Polina no sería tan ingenua como para aceptar la propuesta.
- Su madre, Lydia Iósifovna, insistía en que la única forma era que el apartamento fuera solo de ellos dos.
- Decían que solo así el hijo podría imponer sus condiciones a la esposa.
Polina, oculta tras la puerta y las cortinas, escuchaba y entendía cada palabra sin dejarse ver.
Arkady se dedicaba a preparar un refrigerio mientras hablaba por teléfono con Lydia. Pelaba y cortaba salchichas y queso para untar en pan con mayonesa, todo mientras enseñaba su impaciencia.
La suegra reprochaba la aparente indiferencia de Arkady y le urgía a resolver la cuestión de la venta del apartamento de Polina.
«Sí, mamá, ya encontramos compradores, la firma será en una semana, pero han pedido esperar por algunos problemas con el dinero», explicó Arkady.
Lydia insistió en que primero vendieran el apartamento de Polina y luego el suyo para comprar uno más grande. De esta forma, creía, el matrimonio debía proceder, aunque convencer a Polina sería un proceso lento y difícil.
«No aceptará simplemente lo que hemos planeado. Hay que llevarla poco a poco a esa idea y convencerla con argumentos sólidos», expresaba preocupada su madre.
Arkady confiaba en que la familia se mantendría unida y que la propiedad seguiría siendo familiar, dudando de que Polina rechazara esta estrategia.
Sin embargo, Lydia veía a su hijo como ingenuo y advertía que las mujeres, y Polina en particular, podían ser astutas y calculadoras.
Polina, sabiendo que llevan diez años casados y tienen una hija de nueve años, también meditaba sobre la situación. Poseían un apartamento heredado de un dormitorio y uno de dos habitaciones adquirido con préstamos, que alquilaban y pagaban con las rentas.
La idea de vender ambos apartamentos para comprar uno más amplio, y posiblemente tener otro hijo, también formaba parte de sus planes conjuntos, aunque dudas existían.
Por su parte, Lydia estaba convencida de que aquello terminaría mal, anticipando que Polina acabaría marchándose y llevándose la mayor parte de la propiedad.
Sin embargo, Polina decidió actuar antes de que sus intenciones se concretaran y llamó a su suegra para frenar sus planes:
- Le informó que ya estaban vendiendo su apartamento heredado con compradores interesados.
- Comentó que también vendían el apartamento de dos habitaciones con rapidez y que su compañera de trabajo incluso compraba uno de ellos.
- Expresó que el próximo domicilio ya estaba elegido y la compra se formalizaría la semana siguiente.
Y añadió que para sorpresa de Lydia, el piso nuevo sería registrado solamente a nombre de Polina, argumentando que tenía derechos superiores debido al apartamento heredado y aceptando que Arkady estuviera conforme con esta decisión pensando en la estabilidad de la familia.
Colgó convencida y satisfecha, esperando la reacción de su suegra y afirmando que prefería manejar la situación a su manera para salvaguardar su hogar y bienestar.
Reflexión final: Esta historia ilustra cómo, detrás de decisiones familiares aparentemente normales, pueden esconderse complejas estrategias de poder y protección. La importancia de la comunicación y la confianza entre parejas se vuelve fundamental para evitar conflictos y preservar la estabilidad del núcleo familiar.